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FUENTES PARA LA INVESTIGACION GENEALOGICA: QUE SIRVE, QUE NO SIRVE Y QUE PODRIA SERVIR

En la investigación Genealógica existen dos fuentes de las que salen resultados inmediatos:
La primera y más conocida es el árbol genealógico familiar. La segunda, que no todos abordan, es la historia familiar. Ella es importante debido al hecho que todos nosotros o llegamos o procedemos de antepasados que vivieron en otros países, y para complicar las cosas, somos el producto de sucesivas migraciones de un lugar a otro.

Este hecho hace que sea más difícil llegar muy lejos en una investigación genealógica de una familia judía. Por ejemplo, en mi caso, mi familia materna no es judía y procede de la región española de Cataluña. Los antepasados de mi madre vivieron desde el siglo 12 al 19 en un mismo pueblo y nosotros conocemos su genealogía desde 1680. Algunos de ellos fueron judíos conversos y por ello sus registros se encuentran en las parroquias donde vivieron.

Otra causa de dificultades son los apellidos. Mi familia materna lo tiene desde el siglo 11, pero mi familia paterna sólo desde el siglo pasado. Los judíos Sefarditas son los primeros en tomar apellidos definitivos, en general similares a los españoles, pero con algunas diferencias. Además este grupo tendió a conservar desde más antiguo documentación acerca de sus antepasados.

Los judíos "ashkenazis" siguieron usando la fórmula "Isaac hijo de Abraham" durante muchos siglos y sólo adoptaron apellidos entre fines del siglo 18 y comienzos del 19, obligados por los gobiernos de los países donde residían. Ello ocurrió en el Imperio Austríaco en 1787, en Rusia desde 1804 (aunque sólo se controló desde 1835-45), Polonia desde 1821, Galitzia desde 1805, Francia desde 1808 y Alemania, según el Estado, entre 1807 y 1834. Otros países lo hicieron en el mismo período, tal como Rumania.

Hay además que destacar el hecho que tener un mismo apellido no significa necesariamente ser pariente (tal como ocurre con los apellidos españoles más corrientes), incluso si provienen de la misma ciudad. Por ejemplo, dos personas con apellido igual y terminado en el sufijo "sky", puede indicar que sus antepasados pueden haber vivido en el mismo lugar, sin tener ninguna relación el uno con el otro.

Como si todo lo anterior no fuera poco, en algunos casos cuando un antepasado especificó como lugar de nacimiento una ciudad, como Kiev, en la práctica no nació allí, sino cerca de Kiev, ya sea en el campo o un villorrio cercano.

La primera fuente que uno debe consultar son los familiares de uno mismo: los padres, abuelos o tíos, si viven, pueden darnos muchos datos de sus antepasados o incluso tener documentos sobre ellos. También pueden contarnos gran parte de la historia de la familia. Algunos de ellos pueden estar en otra ciudad u otro país, en cuyo caso conviene visitarlos o al menos enviarles una carta. Parte importante de la historia familiar son las fotos de nuestros antepasados, las que pueden obtenerse de algún abuelo, padre, tío o primo. De otros familiares se puede obtener información de ramas laterales, como primos de segundo o tercer grado y sus descendientes.

En estos casos la consulta puede ser más sencilla, quizás solamente telefónica.

Otra fuente de información son los registros civiles, donde se encuentran los llamados "registros vitales", es decir certificados de nacimiento, matrimonio y fallecimiento. Ellos nos pueden dar datos cuando no existen familiares vivos que podamos entrevistar, así como las fechas exactas de los hechos certificados Dado que casi todas nuestras familias tienen pocas décadas en este país, para ir más atrás y buscar bisabuelos o tatarabuelos perdidos debemos ir a los archivos de los países donde nacieron. Allí la búsqueda de 

información se complica bastante si no tenemos datos muy exactos. Para comenzar, gran parte de nuestros antepasados cambiaron de nombre y a veces incluso de apellido. Mi abuela paterna, por ejemplo nació como Ite Mendel en Rumania, pasó a llamarse Ite Salomón en Argentina y luego Ida Salomón en Chile. Además se casó dos veces, una en Moisesville y luego en Chile (obviamente con el mismo marido). Una segunda dificultad fue hasta hace poco el hecho que no se permitía a personas de occidente consultar los archivos, donde se guardan los registros más antiguos. En tercer lugar, los archivos están en el idioma de cada país, que puede ser Ruso, Rumano, Húngaro, Alemán, etc. Otras dificultades surgen del hecho que algunos de estos archivos se perdieron en las guerras, que están en una ciudad a la de residencia de la persona en cuestión (Ej. Los archivos de Tiraspol están en Chisinau, hoy Moldova ) o incluso en más de una ciudad. En algunos casos y épocas los registros eran archivados por las iglesias cristianas de la localidad, hasta que hubo registro civil en el país, lo cual puede ser a veces muy tardío, como Transilvania, que lo hizo desde 1895, mientras que el resto de Rumania tenía Registro Civil desde 1865.

Existen casos donde los nacimientos son almacenados en un archivo y los matrimonios y defunciones en otro. El inicio de los registros civiles varía de un país a otro y coincide aproximadamente con la obligación de tomar apellido. Estos registros se iniciaron en Austria en 1787 (aunque sólo fue obligatorio desde mediados del siglo 19), en Bulgaria en 1893, en Hungría desde 1895 (aunque desde 1851 cada comunidad religiosa debía tener su propio archivo), en Polonia desde 1808, en Rumania desde 1865, salvo Transilvania y Bukovina, que en ese año pertenecían a Hungría, Rusia desde 1835, pero conse-vados por comunidad religiosa y Alemania, según el estado, de modo que sólo en 1876 había registros en todo el país. Estos archivos u otros pueden tener otro tipo de información, tal como listas de pasajeros llegados al país, registros de conscripción militar. y censos, en los cuales se describe en algunos la apariencia del jefe del hogar.
Aunque poco a poco se va sabiendo más acerca de la información existente, para tener acceso a ella se debe viajar al país (en algunos casos se requiere permiso del archivo nacional en la capital, para consultar un archivo local) o contratar un genealógista. Respecto a estos últimos, existen varios en EEUU y otros en los países donde están los archivos. Estos últimos son obviamente más baratos, pero se corre más riesgo de no recibir nada, si es que no ha sido recomendado por alguien.

Una fuente muy valiosa para saber acerca de donde se encuentran los datos y que genealógistas locales son confiables son los grupos de interés regional, que pueden accederse vía internet mediante la página web JewishGen. Existen grupos de interés y grupos de discusión sobre Rumania (ROM-SIG, que incluye también la actual Moldova), Alemania (Stammbaum), Galicia (Polonia), Hungría (Magiar Zsido), Lituania, Letonia, regiones rusas de Suwalk, Lomza, Kielce y Radom y Sefardita. Muchas de ellas tienen revistas como Toldot, en que relatan casos y experiencias. Un genealógista local puede cobrar entre 300 y 800 dólares, con un mínimo de 50$ si la consulta no produce ningún resultado.

La iglesia Mormona o de los Santos de los Ultimos Días tiene la creencia que uno puede "bautizar" a un antepasado y por ello guardan el mayor archivo mundial de datos genealógicos. Tienen un gran archivo mundial en su sede de Salt Lake City y varios centros locales de Historia Familiar. Desafortunadamente muchos países sólo les dejan copiar datos anteriores a 1900 o 1910.

Además, en lo que considero una victoria pírrica desde el punto de vista genealógico, una organización judía negoció con ellos que no incluyan apellidos judíos en su lista mundial de apellidos. Es notable destacar que esta Iglesia está microfilmando archivos de Rusia y Europa Oriental, por lo que puede ser una fuente muy valiosa. En la actualidad se está o se están copiando los archivos de Bielorusia, Bulgaria, Croacia, Estonia, Hungría, Moldova, Polonia, Rusia, Eslovaquia y Ucrania. Los trabajos se han comenzado entre 1991 y 1995 y por ello no todos están aún disponibles. Algunos países no han aceptado la copia de sus archivos, pues cobran un impuesto por cada certificado, tal como ocurre en Rumania y la República Checa.

Una fuente adicional de datos son los Cementerios. Existen libros con datos de los fallecidos y hay un proyecto mundial de Cementerios Judíos que vende un CD-Rom con los registros que han obtenido.

Hay que consultar antes vía internet su contenido, ya que incluyen un número limitado de países y ciudades. Por ejemplo, no están aquellas donde vivieron mis antepasados. Si se desean buscar primos lejanos o ramas "perdidas" se puede consultar el buscador de familias o "Family Finder" de JewishGen. Este programa da el nombre y dirección de todas las personas que consultan sobre un apellido referido a una ciudad o país dado. Hay que ser cuidadoso en usar el nombre exacto, el cual es el del idioma del país.

Por ejemplo se debe buscar Iasi y no Jassy, en Rumania. La consulta por el apellido puede hacerse con la escritura exacta o basado en un código llamado Soundex, que busca todos los apellidos de pronunciación similar.

JewishGen tiene además un buscador de ciudades que entrega el mapa del lugar deseado, en caso que se ignore donde está. También se encuentran datos de ramas perdidas en el proyecto "Arbol Genealógico de la Familia Judía", que se accede por internet.

En todas estas consultas no siempre se obtienen resultados positivos, ya que si no se conocen los nombres y apellidos de los hermanos de nuestros abuelos y bisabuelos, es muy difícil determinar parentesco. 

En todo caso es un ejercicio que es recomendable de hacer, pues puede dar sorpresas favorables.

En conclusión, una investigación genealógica es una aventura con un final desconocido.

Si tenemos antepasados vivos, podemos obtener muchos datos de las últimas generaciones, a menos que tengamos la suerte de pertenecer a las familias sefarditas que conservaban su genealogía por varios siglos o si somos el producto de un matrimonio mixto, ya que la mayor parte de los países cristianos de Europa tienen registros parroquiales al menos desde el siglo 16 y en el caso de algunas zonas de España desde incluso antes.

Si deseamos tratar de ir más atrás en nuestra genealogía judía desconocida, debemos estar dispuestos a gastar tiempo y dinero, ya que los datos son de difícil acceso y en algunos casos pueden estar irremediablemente perdidos. 

Antonio Grass