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home_sefarad.gif (990 bytes)Principal Sefaradíes en Chile

logosefard.jpg (9968 bytes)  Cuatro Siglos de Historia Sefardí

Dr. Moisés Orfali
Universidad Bar Ilán

3. C.  La creación literaria

A grandes rasgos se pueden establecer tres núcleos lingüísticos en torno a los cuales agrupar en un intento de por mera clasificación los textos literarios nacidos en el seno del mundo sefardí: 1) obras escritas en hebreo, 2) obras escritas en lengua sefardí y 3) obras escritas en castellano o portugués.

1. La creación literaria en hebreo aparece en su mayoría parece como una continuación y ampliación de la peninsular. En el terreno normativo destacan las muy conocidas Tagganot o haskamot de las comunidades sefardíes (recuérdese aquella feliz frase de "haskamotocracia" o "haskamotarquía" empleada por Bernardete para aludir a Salónica), o los pisqé dinim, sentencias de los tribunales, como los tan conocidos de Casablanca, y la magna obra del codificador Yosef Caro, el Sulhán Aruj. En el terreno de la Cábala es de primera importancia la actividad de los místicos y cabalistas de Safed, como Hayim Vital, Moisés Cordovero, Salomón ha-Leví Alcabez y otros de los que no podemos omitir a Isaac Luria de Safed (1534-1572) y a Natán de Gaza, constituyen en verdad ejemplos asombrosamente perfectos de creaciones místico mesiánicas que sirvieron como preludio al movimiento sabetaico.

En el campo de la Historia y la Cronología, mencionaremos, por ejemplo, las crónicas hebraicoespañolas: Emeq ha bakha, de Yosef ha-Cohen; Séfer Yuhasin de Abraham Zacuto; Séder Eliahu Zuta de Eliyahu Capsali; Sebet Yehudá de Selomoh Ibn Verga...Otro campo en el que brilla por su fertilidad la creación literaria sefardí en hebreo, es el de la Responsa rabínica. Por la diversidad de los temas tratados, los cuales abarcan toda clase de problemas de orden espiritual, religioso, teológico, exegético, filosófico, científico, social y económico, en relación con icidentes concretos de la vida comunal y privada, constituyen las seelot-u-tesubot un fondo literario sumamente rico para el conocimiento de muy variados matices de la vida judía. Las responsa de algunos autores de los siglos XVI y XVII tiene además el interés añadido de contener algunos pasajes en lengua sefardí, los cuales por lo que al siglo XVII se refiere serían las únicas muestras que de esta lengua se nos han conservado.

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2. La creación literaria en lengua sefardí es de las tres que enumeramos aquí la más genuina y auténtica de la diáspora sefardí dada la modalidad lingüística en la que se expresa: el judeoespañol. Las otras dos -en hebreo y en castellano- aunque sus autores sean sefardíes, no pertenecen a la literatura llamada promiamente sefardí sino más bien a la literatura hebrea o hispana en el exilio. Es más la lengua sefardí como medio de expresión literaria no se limita como piensa la generalidad de la gente al romancero y otros géneros de transmisión oral, sino que abarca una notable obra de creación individual y transmisión escrita.

Aquí baste solo recordar, que en toda esa producción literaria en lengua sefardí pueden advertirse varios planos netamente diferenciados. El más judío de ellos sería el que convencionalmente podríamos denominar "literatura religiosa", pero con tal que tengamos en cuenta que en el judaísmo tradicional (y hasta la Emancipación no había más judaísmo que el tradicional) el concepto de lo religioso rebasa lo meramente teológico o doctrinal y se proyecta en toda la vida cotidiana.

Se trata pues de una serie de obras cuya finalidad es poner al alcance de los miembros de la comunidad el patrimonio vivencial judío, escrito en hebreo -la Biblia, los oracionales, los tratados de moral y las colecciones de preceptos y, en fin, toda una literatura rabínica de gran importancia- que viene a complementar la lectura sinagogal o comentar las prácticas del judaísmo.

El acceso a este patrimonio cultural judío se hacía cada vez más difícil por el desconocimiento de las lenguas hebrea y aramea, aun más cuando el frustrante final del movimiento seudomesiánico de Sabetay Çeví había llevado a una decadencia de las academias rabínicas, y la difusión de las fuentes clásicas del judaísmo se hacía imposible en lengua hebrea. Pues bien, para hacer llegar al pueblo llano el saber rabínico tradicional se escribió en la lengua que las gentes del pueblo podían entender, la lengua sefardí.

De esta literatura, los géneros mas notables son el Me`am lo`ez en prosa y las Coplas en verso. Posteriormente a mediados del siglo XIX a estos géneros se añaden otros nuevos, entre los que tiene especial importancia el periodismo por ser vehículo a través del cual se difundieron entre los sefardíes de oriente las nuevas formas literarias de occidente, provocando la aparición y el desarrollo de los nuevos géneros literarios adoptados por la literatura sefardí, como son la narrativa, el teatro, la poesía de autor, etc...

Paralelamente a los géneros patrimoniales y a los adoptados, fluye en la literatura sefardí la corriente ininterrumpidamente de los géneros de tradición oral: en prosa, las consejas y los refranes, y en verso, la lírica y el romancero.

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3. Como contraposición a las comunidades sefardíes de oriente, que vivieron mirando hacia sí mismas y sin ningún contacto con la Península, los sefardíes establecidos en el occidente cristiano tranmitieron de generación en generación el conocimiento de las lenguas castellana y portuguesa, gracias a que mantuvieron contacto directo o indirecto con la cultura peninsular. Sucede pues, que hasta los comienzos del siglo XIX, en que ambas lenguas llegaron a ser tan poco corrientes como el mismo hebreo, todos los asuntos comunales se trataban en una u otra: las minutas que los funcionarios de las comunidades escribían, las normas que se publicaban, las proclamaciones que se hacían, los sermones que se pronunciaban, etc. Sólo a partir  de 1735 comenzó la lengua inglesa a figurar en el curriculum de la escuela pública de la comunidad de Londres; en Amsterdam el portugués, entremezclados en el servicio religioso, para recordar a la congregación el país de donde procedían los fundadores de la comunidad.

Fue precisamente en Italia, en Ferrara, como ya hemos aludido, donde a comienzos de la segunda mitad del siglo XVI se estableció la primera imprenta que imprimiera obras en español y en portugués destinadas a la comunidad sefardí. Un ejemplo clásico de las obras que allí se tradujeron es la famosa Biblia impresa en Ferrara en 1553, en sus dos "versiones". Una de ellas, dirigida a los lectores cristianos de Duarte Pinel y Jerónimo de Bargas. La otra destinada al público judío, esta dedicada a doña Gracia Mendes, contiene una lista de las Haftarot, la fecha de impresión de acuerdo con el cómputo judío y los editores aparecen designados por sus nombres hebreos: Abraham Usque y Yom-Tob Attias. También en 1553 había aparecido en la misma ciudad de Ferrara el famoso poema en prosa de Samuel Usque titulado Consolaçam ás Tribulaçoes de Israel, que es una de las principales fuentes de la historia de la época y una diatriba contra la Inquisición portuguesa, de la que había huido el autor. Hoy está considerada como una obra clásica de la literatura portuguesa de la época y como tal se estudia en la escuela de Portugal.

Posteriormente es sobre todo de las imprentas de Amsterdam, pero también de Livorno y de Londres, salieron numerosas obras en incesante corriente hasta bien avanzado el siglo XIX; sermones, tratados de ética, manualesde derecho y procedimiento hebreo, calendarios, obras de polémica religiosa, obras de teatro para las fiesta de Purim, dramas, poemas épicos, elegías, discursos de satulación, leyes y reglamentos de diversas organizaciones comunitarias y toda clase de literatura.

De esta gran variedad cabe destacar la floreciente literatura de polémica religiosa y apologética del judaísmo rabínico, que surge para combatir las disidencias surgidas en el seno del judaísmo sefardí de entonces. En otra ocasión ya he explicado que la cuestión de fondo era la de la heterodoxia racionalista defendida en gran parte por los antiguos judeoconversos hispano-portugueses, cuya situación no era tan fácil: habían abandonado un catolicismo dogmático e intransigente para encontrarse con un judaísmo rígido que les exigía una obediencia absoluta a la Ley oral, que en parte desconocían. Se comprende, por tanto, su rebeldía contra todo lo que llevaba en sí el sello característico de la tradición. Uriel da Costa y Abraham Farrar son sólo dos ejemplos de la manera radical -la excomunion- con la que se castigó a los acusados de esta herejía la cual estaba por aquellos días en su apogeo en los centros sefardíes de Amsterdam y Venecia.

Descuellan en este campo diversas apologías de la Ley oral: desde la Nomología de Imanuel Aboab a la Providencia de Dios con Israel de Saúl Leví Mortara y el Matteh Dan o Segundo Cuzarí publicado en castellano y en hebreo por el jajam londinense David Nieto. Mencionaremos también a Isaac Orobio de Castro, quién como Y. Kaplan bien ha demostrado produjo toda una serie de obras en defensa de su nueva fe, y a Isaac Cardoso con su obra Las exelencias de los hebreos. Hubo además una considerable cantidad de literatura de polémica religiosa judeocristiana, destinada en gran parte no sólo a polemizar sino también a atraer a los que dudaban en retornar abiertamente al judaísmo.

Son muchos los innumerables escritos de toda índole que forman el acervo de los escritores sefardíes en occidente en su época de apogeo que llega hasta el siglo XVIII. Llegaron a crearse Academias literarias en Amsterdam y en Livorno, del mismo modo que en su tierra nativa española. Así los sefardíes cultos que en Holanda y en Italia acudían a ellas para leer e intercambiar sus opiniones literarias podrían imaginarse transportados de nuevo a los más refinados círculos literarios de Madrid.

Dada la inusitada vitalidad de la que siguió gozando la lengua castellana, no es de extrañar que un judío "portugués" Abraham de Fonseca llegara incluso a escribir en Amsterdam una Ortographía castellana (1663) y que ésta fuera la primera lengua vernácula en la que se redactó una obra cabalística: Puerta del Cielo de Alonso de Herrera. Particularmente sobresale el que el periódico judío más antiguo que se conoce es la Gazeta de Amsterdam, que se publicó desde 1675 hasta 1690 en castellano, para los hispanoportugueses que llegaban a los Países Bajos, aunque brillan en ella por su ausencia las noticias de interés judío. Y tampoco sorprende el que en castellano se haya escrito el primer trabajo que trata de los negocios y métodos de la Bolsa en todas sus ramas, el Confusión de Confusiones de Joseph Penso de la Vega, publicado en Amsterdam en 1688 y que se caracteriza por ser todavía en nuestros días la mejor descripción, tanto en forma como en contenido, de las operaciones de valores y acciones.    

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Las corrientes de emigración    Carácter socio-económico   


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